Tu lírico cadáver comparece
al duelo al que la muerte lo ha invitado,
al trance inoportuno, inesperado
y póstumo rigor que te acontece.
Irreverente yaces. Nos parece
mentira tu silencio encadenado
a las sombras, tu cuerpo extrañado
de su voz que de súbito enmudece.
Rebelde se revela tu hidalguía
de loco de cuerdísima locura:
maestro de la santa paganía.
Juglar de la justicia y la hermosura,
poeta de canalla poesía,
Quijote de tristísima figura.
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