Amanece en tu piel y su luz
de limones me desvela.
He lamido su pulpa volcánica
y tengo la lengua en llamas.
Me arden en los labios las palabras,
se me incendia el silencio
en la garganta
y en las manos se me queman
los rescoldos de las últimas
caricias.
He recorrido a ciegas tu cuerpo
esta noche como un caballo
galopando sin herrajes
las hogueras.
Tanta luz me hierve en las pupilas
que lloro lágrimas de magma
como un niño de hielo.
A nuestros sueños simétricos
vienen a morir las mariposas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario