Loba Capitolina, vieja loba,
déjame libar el néctar
hipnótico de tus cálices paganos
con mi lengua daltónica,
abrázame hasta que se derritan
mis brazos de Ícaro,
ámame hasta que sude la linfática cera
de los lujuriosos apóstatas
o el otoño me descubra
robándote carnívoros besos
de tus labios lobunos y me deshoje
para siempre las manos,
arrópame con el sudario
de mi viejo fantasma,
caliéntame este frío de náufrago del cosmos,
lámeme la tristeza placentaria con la que vine al mundo,
aúllame en el corazón, llena de aullidos
mis esteparias arterias
y amamanta con tus pechos enjutos
mis sueños de lírico demente
para que se cumplan los arcanos
augurios y sean como tus primeros
vástagos, salvajes y fecundos fundadores
de deslumbrantes imperios.
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