que alumbra las cenizas que disuelve
en el inmenso azul que las absuelve
en esta submarina eterna gloria.
En el agua su líquida memoria
perdura en cada ola que devuelve
su recuerdo, en la espuma que lo envuelve
en creciente marea invocatoria.
Y así su voz regresa hasta la orilla
cristalina y recién resucitada,
de viento y de salitre coronada.
El lecho marino es la honda capilla
sumergida a la que me acerco a rezar
a los muertos que ya sueñan con el mar.
A los ecos
ResponderEliminara las sombras y su alcance
a su mar que nos cubre y protege
a las voces transferidas.