La tierra dura y fría, congelada.
Se le ha helado la luz en las entrañas.
Brotan flores de escarcha en las inciertas riveras. La niebla nos ciñe el ánimo
hasta donde la vista alcanza.
Hay un corazón de hielo en el cielo
raso. Un hálito de nieve
fulgurante que nos ciega. Un pájaro sin vértigo
merodeando el llanto.
Con estos ojos nuevos te descubro. Son ojos prestados para ver la sombra cristalina, la transparencia del aire, la profundidad del agua.
Acaso tu piel desnuda bañada de luz
pura. Te abrazo y sé que hemos recién
nacido.
Manso como un buey de barro, rumio el pasto del tiempo y sin conocerte aún, ya te recuerdo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario