a borbotones y consagra esta tarde de ocres
obsesiones, esta puesta de sol arracimada en la altura
con alma de retorcidas vides y maduras uvas,
este ocaso de luz trasegada, de fermentadas transparencias
y añejas penumbras, esta tarde que va vertiendo su noche
de ebrias revelaciones y constelaciones trémulas
en la copa rebosante del día,
esta tarde en la que el cielo cae sobre la tierra
como un ángel de espaldas
a la gloria, precipitándose a contraluz,
encarnándose en su propia sombra,
saciado de eternidad, sediento de mortales
pasiones.
Sobre la soledad de todos los hombres,
la noche se va abriendo certera y profunda
como una herida de cuchillo en la espalda
del horizonte, como un golpe de azada
en los yermos eriales de las nubes,
como un tajo de hacha en las lácteas arterias
del firmamento, como un chasquido de fusta
en la piel nocturna del aire que hace inclinar
la mirada y unce los ojos al solemne yugo
del crepúsculo.
Pero no temas. Con el hilo invisible de tus sueños golondrinas voraces
no cejan de tejer el infinito.
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