Marejada en el corazón.
Mar de fondo en el alma.
Despierto y abro los ojos al abismo
del día.
Voraces lunas
Voraces lunas
de invierno.
Hambrientos soles
de asombro.
Tras la ventana, un cielo en coma
etílico finge al amanecer
el fin del mundo.
Me miro en el espejo y sostengo la mirada de ese íntimo desconocido con el que comparto, sueños, sangre y silencio.
Luego combino un pantalón, una camisa, unos zapatos, una sonrisa,
y salgo a la calle con el corazón desguarnecido, en
hilvanes, pendiente
de un hilo,
descontando con angustia los latidos
que me quedan
para amarte.
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