A Igone, que me hace
el regalo de quererme.
Me gusta el tacto de holograma
de tu piel,
su textura de
cáliz y de arena,
su fina orfebrería de ala
de golondrina,
su exquisito caligrama
que cada noche deletreo
de los dedos.
Y la vida vuelve
a tener argumento
de milagro.
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