lunes, 10 de febrero de 2014

AL BUSTO DE BLAS DE OTERO (DE LA CALLE EGAÑA)


                                                          …Cuando morir es ir donde no hay nadie…
                                                                                                     Blas de Otero.



Sobre el pedestal que finge
tu memoria, tu efigie te sobrevive
amputada,
en un rostro apócrifo
que yergues sin entusiasmo,
con la voz fraguada para siempre
en el bronce de los labios.

Altiva y solemne,
la hierática escultura
interpreta tu inmortalidad oficial
con frialdad de funcionario,
y una pavorosa mirada
de estatua invidente
que espanta
           a los niños
y congrega a las palomas
que te cubren
de excrementos,
aunque en tu pecho
aún crepita un rescoldo
de corazón amando
en estricto
silencio.

Tus biógrafos no aceptan
que algunas noches llores lágrimas
de plomo
como si soñases
versos,

o te supieses solo,

solo para siempre en esta calle
de irrevocables ausencias,

y de incesante olvido.

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