Si tienes los
ojos quemados,
oscuros como
lunas de azabache
y duros como
escorpiones
de alabastro,
si tienes
magma en la garganta
pero caminas ausente y tan blando
pero caminas ausente y tan blando
por fuera que
se diría
que no tienes
huesos,
si te agarras
al poema
como a un
abrazo ardiendo
y tus
palabras son los restos
líricos del
naufragio
de tus
sueños,
si enciendes
con la colilla
del anterior
un nuevo
verso,
trágate la
lengua
y cántalo.
Eres poeta.
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