Este cuerpo que nos presta la piel,
los huesos y la sangre,
sin excesos;
solo lo justo para cobijar
un ser humano.
Este cuerpo huérfano
de sueños, circundado de oceánica
soledad,
como un ramo marchito de sombras
que entregamos
como una ofrenda desnuda
a la hoguera de otros cuerpos.
Este cuerpo fronterizo con
la muerte que habitamos en usufructo
y que devolveremos vencido
a la tierra.
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